Esta guerra de opiniones resulta especialmente triste porque ambos lados se sienten incomprendidos y dolidos, y no consiguen encontrar un acercamiento, a pesar de que deberían estar unidos y luchar juntos en el mismo barco. Creo que ambos aprenderían mucho abriéndose a comprender lo que siente el otro.
El paradigma de la neurodiversidad y el enfoque neuroafirmativo están permitiendo que las personas autistas alcen su voz, expresen lo que de verdad necesitan y se hagan respetar, en vez de tener que seguir las reglas de una sociedad que no suele escucharlas. El problema es que muchas veces el enfoque neuroafirmativo parece no encajar con las dificultades de las personas autistas que necesitan apoyo constante o que son muy dependientes. Quienes cuidan de ellas, como sus padres, se sienten agotados e incomprendidos, y pueden sentir rabia e injusticia porque no se ven reflejados por el movimiento de la neurodiversidad ni sienten que se respete su dolor y su experiencia diaria.
Entonces, ¿cómo unir esas dos perspectivas? En mi opinión, falta un puente entre ambos lados de la comunidad autista. Se trata de aprender a ver lo que les une en vez de lo que les separa. Las personas autistas con menos necesidades de apoyo tienen un papel maravilloso: desde su experiencia, pueden ayudar a que quienes no tienen voz sean comprendidos.
Aunque una persona autista que tenga un diagnóstico de grado 1 no presente las mismas dificultades que una persona de grado 3, la base de las dificultades y del sufrimiento de ambos es la misma. Suele haber dificultades para encajar en esta sociedad o para comunicarse, así como saturación, bloqueos, colapsos y una alta sensibilidad para percibir o sentir. Esas vivencias existen en todo el espectro.
Es hora de tender puentes: que las personas autistas con menos necesidades de apoyo miren a quienes más lo necesitan, conecten con ellas, vean las similitudes y ayuden a la sociedad a entenderlas mejor. Y que los padres de esos niños con mayores dificultades puedan aprovechar esa información tan valiosa para comprender mejor a sus hijos y conectar con ellos.
Creo que estamos perdiendo una gran oportunidad de unir fuerzas para luchar por los derechos tanto de niños como de adultos, sean cuales sean sus desafíos. Me parece una pena que no se aproveche más la experiencia de las personas autistas con menores necesidades de apoyo para ayudar directamente en los centros educativos u otros centros donde se realizan terapias de todo tipo. Ellas pueden conectar como nadie con otras personas autistas con grandes necesidades de apoyo. Nadie puede saber mejor por lo que están pasando, lo que sienten o lo que les afecta.
Es necesario que la comunidad autista se esfuerce en apoyar e incluir las perspectivas de todas las personas autistas, incluido a las que no pueden expresarse, y que los familiares o cuidadores acepten esa sabiduría y esos conocimientos que les vienen de primera mano, y que son extremadamente valiosos para entender a sus hijos. En vez de enfrentarse entre los miembros de la comunidad autista, espero que cada vez unan más sus fuerzas para que se respeten los derechos y las necesidades de todas las personas autistas y sus familiares. De esta forma tendremos un enfoque neuroafirmativo que incluye a todos.