De hecho, cada vez hay más personas autistas que se sienten orgullosas de serlo, que ven el autismo como parte de su identidad y luchan por cambiar esa visión basada en el déficit. El autismo es mucho más que eso. Es otra forma de percibir el mundo, de sentir y de relacionarse. Esa visión del mundo merece ser respetada en vez de tratar de modificarla. En eso se basa la perspectiva neuroafirmativa.
En terapia no trato de ayudar a la persona autista a parecerse a los demás, sino de ayudarla a comprenderse a sí misma. La acompaño en su proceso de reconectar consigo misma y la ayudo a ver lo que le impide vivir una vida plena. Muchas veces las personas autistas ya no saben escucharse o ver sus propias necesidades porque dedican demasiada energía a tratar de encajar en el mundo. Por eso las ayudo a cambiar de rumbo y volver a conectar con ellas mismas.
El autismo puede suponer muchos desafíos en esta sociedad —diferentes formas de interactuar, de comunicarse o de percibir—, pero estas características también son valiosas y merecen ser apoyadas.